EVIDENCIAS
DE UN MUNDO JOVEN
por el Dr. D. Russell Humphreys
A continuación expongo 12 fenómenos naturales que están
en claro conflicto con la teoría evolucionista que dice que el universo
tiene miles de millones de años. Los números que aparecen
en letras negritas (a menudo se trata de millones de años) son el
periodo máximo de años en que pudo llevarse a cabo cada proceso,
es decir, se trata de cifras extremas hipotéticas y no de años
reales. Los números en letras cursivas se refieren a los años
que, según la teoría evolucionista, debió haber durado
cada proceso. El problema es que los tiempos máximos supuestos siempre
son mucho menores que los requeridos por la teoría evolucionista,
mientras que la edad terrestre propuesta por la Biblia (6,000 a 10,000 años)
se ajusta cómodamente a los tiempos máximos. Por ello, los
doce puntos siguientes son una evidencia sólida contra la escala
cronológica evolucionista y, en cambio, sustentan la escala cronológica
bíblica.
Existen muchas otras evidencias que favorecen la idea de un mundo joven,
pero escogí éstas porque me parecen las más claras
y breves. Algunos puntos de la lista podrían, en algún momento,
ser compatibles con un universo viejo, pero para ello deberíamos
partir de presupuestos improbables y no confirmados; otros puntos sólo
resultan lógicos considerando un universo joven. La lista comienza
con fenómenos astronómicos, luego aborda sucesos terrestres
y termina con hechos cotidianos.
1. Las galaxias giran sobre sí mismas demasiado rápido.
Las estrellas de nuestra galaxia, la Vía Láctea, giran alrededor
del centro galáctico a distintas velocidades: las de la parte interior
van más rápido que las del exterior. Se sabe que las velocidades
de rotación estelar son tan altas que si nuestra galaxia contara
con más de algunos cientos de millones de años, no conservaría
la forma espiral que tiene hoy: se habría convertido en un disco
estelar amorfo1.
Sin embargo, se supone que nuestra galaxia tiene al menos 10 mil millones
de años. Los evolucionistas llaman a esta falta de congruencia (detectada
hace unos 50 años), el dilema del enroscamiento de los brazos
espirales. Hasta ahora han elaborado muchas teorías tratando
de explicarlo, pero todas han desaparecido tras gozar de una popularidad
fugaz. Este mismo dilema del enroscamiento también se
aplica a otras galaxias.
En las últimas décadas, se ha tratado de explicar el problema
usando una teoría compleja llamada de las ondas de densidad1.
Pero dicha teoría tiene problemas conceptuales y, para funcionar
bien, debe ser aplicada arbitraria aunque minuciosamente. Además,
en años recientes ha sido muy cuestionada desde que el Telescopio
Espacial Hubble descubrió una estructura espiral muy detallada en
el centro de la Galaxia Remolino M512.
2. Los cometas se desintegran con excesiva rapidez.
Según la Teoría de la Evolución, los cometas tienen
la misma edad que el Sistema Solar, es decir, unos 5 mil millones de años.
Pero cada vez que un cometa pasa en órbita cerca del Sol, pierde
tanta materia que no podría durar más de unos 100,000 años.
Además, muchos cometas tienen sólo 10,000 años3.
Quienes apoyan la teoría evolucionista justifican este problema
diciendo que:
- los cometas provienen de la Nube de Oort (nunca observada,
de forma esférica), que está mucho más allá
de la órbita de Plutón;
- intercambios gravitacionales poco probables entre cometas y estrellas
que rara vez pasan cerca de éstos, a menudo los arrojan hacia el
interior del Sistema Solar;
- otros intercambios gravitacionales improbables con algunos planetas
disminuyen la velocidad de esos cometas, lo que explica que podamos observar
cientos de ellos4.
Hasta ahora, ninguna de estas presuposiciones ha sido sustentada por observaciones
ni por cálculos reales.
Recientemente se ha hablado mucho del Cinturón de Kuiper,
un disco que está al mismo nivel del Sistema Solar, un poco hacia
afuera de la órbita de Plutón: se supone que en él
se generan muchos cometas. Incluso si ahí existieran cuerpos helados,
eso no solucionaría el problema, pues de acuerdo con la teoría
evolucionista, el Cinturón de Kuiper se agotaría rápidamente
si la Nube de Oort no lo alimentara.
3. No hay suficiente lodo en el suelo oceánico.
El agua y los vientos erosionan cada año cerca de 25 mil millones
de toneladas de tierra y piedra de los continentes, depositándolas
en el mar5. Este material
se acumula en forma de lodo sobre el suelo marino, formado por dura roca
basáltica de origen volcánico. La profundidad promedio de
lodo en el océano, incluyendo las plataformas continentales, es menor
a los 400 metros6.
El lodo del suelo marino desaparece principalmente a causa de lo que puede
llamarse depresión o desplazamiento de placas tectónicas.
Es decir, el suelo oceánico se desliza lentamente (tan sólo
unos centímetros al año) por debajo de los continentes: en
este movimiento arrastra consigo sedimentos. Según la literatura
científica evolucionista, actualmente este movimiento de placas terrestres
solamente remueve mil millones de toneladas al año6. Hasta donde
sabemos, las otras 24 mil millones de toneladas se acumulan. Considerando
ese ritmo de acumulación, la simple erosión habría
depositado la cantidad de sedimento presente hoy en el suelo marino en menos
de 12 millones de años.
Sin embargo, de acuerdo con la teoría evolucionista, la erosión
y el desplazamiento de placas tectónicas han ocurrido desde que se
formaron los océanos: supuestamente hace unos 3 mil millones de años.
Si esta cifra fuera correcta, actualmente los océanos estarían
saturados de lodo cuya profundidad alcanzaría docenas de kilómetros.
Una explicación alternativa para resolver este problema es la ofrecida
por la ciencia creacionista. Ésta afirma que la erosión provocada
en los continentes por las aguas del diluvio del Génesis depositó
la cantidad actual de lodo en un corto periodo de tiempo, hace aproximadamente
5 mil años.
4. No hay suficiente sodio en el mar.
Cada año, ríos7
y otras fuentes 9 vierten más de 450 millones de toneladas de sodio
al mar: sólo el 27% de ese sodio deja el mar en el curso de un año8,9.
Hasta donde se sabe, el sodio sobrante se acumula en el océano. Suponiendo
que cuando el mar se formó no hubiera contenido sodio, a la tasa
actual de acumulación y dilución se hubiera tardado menos
de 42 millones de años en juntar la cantidad que tiene hoy9.
Esta cifra es mucho menor a la edad del mar según los evolucionistas,
quienes afirman que tiene 3 mil millones de años. La respuesta más
común para resolver esta discrepancia es que, en el pasado, el ingreso
de sodio al mar debió haber sido menor y la dilución, mayor
que la actual. Con todo, los cálculos más optimistas apenas
sugieren una edad máxima de 62 millones de años9,
lo que de cualquier manera no resuelve el problema. Y si se calcula10 la edad del mar tomando
en cuenta otros elementos del agua marina, se concluye que los océanos
son incluso más jóvenes.
5. El campo magnético de la Tierra se descompone demasiado rápido.
La energía total acumulada en el campo magnético de la Tierra
ha disminuido de manera constante según un factor de 2.7 durante
los últimos mil años11. Algunas teorías evolucionistas explican este
rápido deterioro y justifican el hecho de que la Tierra haya podido
mantener su campo magnético durante miles de millones de años,
pero dichas teorías son excesivamente complicadas e inadecuadas.
En contraste, los científicos creacionistas ofrecen una explicación
mucho más convincente. Es sencilla, se basa en la física pura
y explica varias características del campo magnético, por
ejemplo, su creación, sus rápidos retrocesos durante el Diluvio
Universal, los aumentos y disminuciones de intensidad en su superficie hasta
tiempos de Cristo y el constante descenso que ha experimentado desde entonces12. Esta teoría concuerda
con la información paleomagnética e histórica y con
los datos que se tienen actualmente13. El resultado principal que ella arroja es que la
energía total del campo magnético (no la intensidad en su
superficie) siempre ha disminuido al menos tan rápidamente como ahora.
A ese ritmo, el campo no podría tener más de 10,000 años14 de antigüedad.
6. Muchos estratos están demasiado plegados.
En muchas zonas montañosas, estratos de miles de centímetros
de grosor están doblados y plegados en un ángulo muy cerrado,
como el de un pasador u horquilla de cabello. La escala geológica
convencional de tiempo dice que estas formaciones fueron enterradas a gran
profundidad y solidificadas unos cientos de millones de años antes
de que se plegaran. Sin embargo, al plegarse no se agrietaron y además,
las resquebrajaduras que presentan son tan pequeñas que sólo
pueden explicarse si la formación completa hubiera estado todavía
húmeda y sin solidificar cuando sucedió el plegamiento. Esto
implica que los estratos se doblaron menos de algunos miles de años
después de la sedimentación15.
7. La arenisca inyectada señala eras geológicas
más cortas.
Existe fuerte evidencia geológica16 para afirmar que la arenisca cámbrica de la
cadena montañosa Sawatch supuestamente formada hace 500 millones
de años, en la falla Paso de Ute, al oeste de Colorado Springs,
EU, se hallaba sin solidificar cuando emergió a la superficie. Esto
sucedió al elevarse las Montañas Rocosas, se supone que hace
unos 70 millones de años. Es muy poco probable que la arenisca no
se solidificara durante los 430 millones de años que en teoría
estuvo enterrada. En cambio, es altamente posible que ambos eventos geológicos
hayan sucedido con una diferencia de menos de algunos cientos de años,
lo que acortaría de manera importante la escala de tiempo de las
eras geológicas.
8. Según la radiactividad de los fósiles, las eras
geológicas duraron unos pocos años.
Los halos o aureolas de radiactividad son anillos de color que se forman
alrededor de muestras microscópicas de minerales radiactivos en cristales
de roca: constituyen evidencia fósil de la desintegración
de la radiactividad17. Las aureolas emitidas por Polonio-210 aplastado
indican que las formaciones del Jurásico, Triásico y Eoceno
en la meseta de Colorado, EU, fueron depositadas con meses de diferencia
entre una y otra, no con cientos de millones de años como indica
la escala cronológica convencional18.
Asimismo, las aureolas huérfanas de Polonio-218 no presentan
evidencia de los elementos que las generaron por lo que, o indican una creación
instantánea o señalan cambios drásticos en el ritmo
de desintegración de la radiactividad19,20.
9. Helio en lugares equivocados.
Todas las familias formadas naturalmente por elementos radiactivos producen
helio cuando se desintegran. Si tal desintegración hubiera tardado
miles de millones de años, como afirman los evolucionistas, mucho
helio habría sido liberado a la atmósfera terrestre. El ritmo
con que la atmósfera libera helio al espacio es calculable y de cantidad
pequeña. Aun tomando en cuenta esa liberación de helio, actualmente
la atmósfera sólo contiene 0.05% de la cantidad de helio que
debería haber acumulado durante 5 mil millones de años21.
Esto significa que la atmósfera es mucho más joven de lo que
afirma la teoría evolucionista.
Un estudio publicado en la Revista de Investigación Geofísica
(Journal of Geophysical Research) muestra que el helio producido por desintegración
radiactiva en rocas profundas y calientes no ha tenido tiempo de liberarse.
Aunque se supone que las rocas tienen más de mil millones de años,
su alta concentración de helio sugiere que su edad real es de apenas
algunos miles de años22.
10. No hay suficientes esqueletos de la Edad de Piedra.
Los antropólogos evolucionistas dicen que la Edad de Piedra duró
al menos 100,000 años. En ella, la población mundial de hombres
de Neanderthal y Cro-magnon se mantuvo más o menos constante, entre
uno y diez millones de personas. Durante todo ese tiempo, los hombres enterraron
a sus muertos acompañándolos de utensilios diversos23:
según esto, al menos 4 mil millones de cadáveres habrían
sido enterrados24.
Si la escala cronológica evolucionista estuviera en lo correcto,
los huesos enterrados deberían durar bastante más de 100,000
años. Es decir, hoy deberíamos contar con muchos esqueletos
de unos 4 mil millones de años y, por supuesto, con los utensilios
enterrados a su lado. Sin embargo, sólo se ha podido encontrar algunos
miles de esqueletos. Esto implica que la Edad de Piedra fue mucho más
corta de lo que afirman los evolucionistas, de hecho, que en algunos lugares
duró apenas unos cientos de años.
11. La agricultura es muy reciente.
Las teorías evolucionistas afirman que los hombres de la Edad de
Piedra fueron cazadores y recolectores durante 100,000 años antes
de descubrir la agricultura (hace menos de 10,000 años)23.
No obstante, la evidencia arqueológica muestra que los hombres de
la Edad de Piedra eran tan inteligentes como nosotros. Es muy poco probable
que entre los 4 mil millones de personas mencionadas en el apartado 10,
ninguna hubiera descubierto que las plantas crecen de las semillas. Es más
creíble decir, si acaso, que los hombres vivieron sin agricultura
durante un periodo menor a algunos cientos de años después
del diluvio24.
12. La Historia es demasiado breve.
Según los científicos evolucionistas, el hombre de la Edad
de Piedra vivió unos 100,000 años sin dejar ningún
testimonio escrito y apenas hace 4,000 ó 5,000 años comenzó
a escribir. El hombre prehistórico construyó monumentos megalíticos,
hizo hermosas pinturas rupestres en las paredes de las cuevas y registró
las fases lunares25.
¿Por qué iba a esperar miles de siglos antes de aplicar estos
conocimientos para asentar la historia? La escala cronológica bíblica
resulta mucho más aceptable24.
Notas bibiliográficas
1 Scheffler, H. y H. Elsasser, Physics of the Galaxy and
Interstellar Matter, Berlín, Springer-Verlag: 1987, pp. 352-353,
401-413. Regrese al texto
2 D. Zaritsky et al., Nature (22 de julio, 1993); Sky
& Telescope (diciembre 1993), p. 10. Regrese al texto
3 Steidl, P. F., Planets, comets and asteroids,
en G. Mulfinger (editor), Design and Origins in Astronomy, Creation Research
Society Books: 1983, pp. 73-106 (5093 Williamsport Dr., Norcross, GA 30092).
Regrese al texto
4 Whipple, F. L., Background of modern comet theory,
Nature 263 (2 de septiembre, 1976) 15. Regrese al texto
5 Gordeyev, V. V. et al., The average chemical composition
of suspensions in the worlds rivers and the supply of sediments to
the ocean by streams, Dockl. Akad. Nauk. SSSR 238 (1980) 150. Regrese
al texto
6 Hay, W. W., et al, Mass/age distribution and composition
of sediments on the ocean floor and the global rate of subduction,
Journal of Geophysical Research, 93 núm. B12 (10 de diciembre, 1988)
14,933-14,940. Regrese al texto
7 Maybeck, M., Concentrations des eaux fluviales
en elements majeurs et apports en solution aux oceans, Rev. de Geol.
Dyn. Geogr. Phys. 21 (1979) 215. Regrese al texto
8 Sayles, F. L. y P. C. Mangelsdorf, Cation-exchange
characteristics of Amazon River suspended sediment and its reaction with
seawater, Geochimica et Cosmochimica Acta 41 (1979) 767. Regrese
al texto
9 Austin, S. A. y D. R. Humphreys, The seas
missing salt: a dilemma for evolutionists, Proc. 2nd Internat. Conf.
on Creationism, Vol. II, Creation Science Fellowship: 1991 (en prensa).
Consultar la dirección en la nota 12. Regrese al texto
10 Austin, S. A., Evolution: the oceans say no!,
ICR Impact, núm. 8 (octubre 1973), Institute for Creation Research.
Consultar la dirección en la nota 2. Regrese al texto
11 Merril, R. T. y M. W. McElhinney, The Earths
Magnetic Field, Londres, Academic Press: 1983, pp. 101-106. Regrese
al texto
12 Humphreys, D. R., Reversals of the earths
magnetic field during the Genesis flood, Proc. 1st Internat. Conf.
on Creationism (agosto 1986, Pittsburgh) Vol. II, Creation Science Fellowship:1987,
pp. 113-126 (362 Ashland Ave., Pittsburgh, PA 15228). Regrese
al texto
13 Coe, R. S., M. Prévot, y P. Camps, New
evidence for extraordinarily change of the geomagnetic field during a reversal,
Nature 374 (20 de abril, 1995), pp. 687-92. Regrese al texto
14 Humphreys, D. R., Physical mechanism for reversals
of the earths magnetic field during the flood, Proc. 2nd Intern.
Conf. on Creationism, Vol. II, Creation Science Fellowship: 1991 (en prensa).
Ver nota 12. Regrese al texto
15 Austin, S. A. y J. D. Morris, Tight folds and
clastic dikes as evidence for rapid deposition and deformation of two very
thick stratigraphic sequences, Proc. 1st Internat. Conf. on Creationism,
Vol. II, Creation Science Fellowship: 1986, pp. 3-15 Consultar dirección
en la nota 12. Regrese al texto
16 Ibid, pp. 11-12. Regrese al texto
17 Gentry, R. V., Radioactive halos, Annual
Review of Nuclear Science 23 (1973) 347-362. Regrese al texto
18 Gentry, R. V. et al, Radiohalos in coalified
wood: new evidence relating to time of uranium introduction and coalification,
Science 194 (15 de octubre, 1976) 315-318. Regrese al texto
19 Gentry, R. V. Radiohalos in a Radiochronological
and cosmological perspective, Science 184 (5 de abril, 1974) 62-66.
Regrese al texto
20 Gentry, R. V., Creations Tiny Mystery, Earth
Science Associates: 1986, pp. 23-37, 51-59, 61-62 (P.O. Box 12067, Knoxville,
TN 37912-0067). Regrese al texto
21 Vardiman, L., The Age of the Earths Atmosphere:
a study of the helium flux through the atmosphere, Institute for Creation
Research: 1990 (P.O. Box 2667, El Cajon, CA, 92021). Regrese
al texto
22 Gentry, R. V. et al, Differential helium retention
in zircons: implications for nuclear waste management, Geophys. Res.
Lett. 9 (octubre 1982) 1129-1130. Véase también la nota 20,
pp. 169-170. Regrese al texto
23 Deevey, E. S., The human population ,
Scientific American 203 (septiembre 1960) 194-204. Regrese al texto
24 Marshak, A., Exploring the mind of Ice Age man,
Nat. Geog. 147 (enero 1975) 64-89. Regrese al texto
25 Dritt, J. O., Mans earliest beginnings:
discrepancies in the evolutionary timetable, Proc. 2nd Internat. Conf.
on Creat., Vol. I, Creation Science Fellowship: 1990, pp. 73-78. Consultar
la dirección en la nota 12. Regrese al texto
Creation Science Fellowship of New Mexico, Inc.
P.O. Box 10550, Albuquerque, NM 87184, EUA
Traducción: JSE