|
La Supuesta Consistencia
de las largas edades de la Evolución
por Michael
J. Oard
Quizá el aspecto más retador de la teoría de la evolución
es la aparente consistencia paralelo al sistema geológico de largas edades.
Los evolucionistas y otros adherentes a las largas edades desafían a
sus críticos con afirmaciones como: Usted puede desconfiar de los
resultados de un método de datación, pero ¿cómo
puede desconfiar cuando varios métodos de datación independientes
llegan aproximadamente a la misma fecha? Las fechas radiométricas
y la edad de los fósiles generalmente concuerdan. La evolución
muestra un cambio de los organismos con el tiempo tan consistente que, ¿cómo
puede usted dudar de un patrón tan preciso? Todos los dinosaurios
murieron al final del Periodo Cretáceo. Inicialmente parece que
tienen un caso muy fuerte. Pero, una Mirada más profunda da un cuadro
diferente cuando preguntamos, ¿cómo se alcanza esta uniformidad?
Sin entrar en detalles, las fechas consistentes se obtienen falseando datos
que tienen un alto nivel de variabilidad o error. Yo creo que la mayor parte
de este ajuste es interno y planeado antes de la publicación, pero lo
suficiente ha sido publicado para indicar que esta práctica es persistente.
Recordé esta tendencia al leer un artículo reciente en la revista
Science News acerca de fósiles de huellas.1 Al discutir los huecos taladrados
que quedaron en conchas de molusco fósiles por organismos taladradores
desconocidos, Sid Perkins relata:
Aunque algunos fósiles marinos de más de 500 millones de
años de edad lucen huecos, muchos paleontólogos no aseguran al
decir que estos son signos de depredadores, dice Audrey Aronowsky, una paleoecologista
de la Universidad de California, Berkeley. Eso se debe a que los caracoles modernos
que taladran huecos similares no evolucionaron hasta hace unos 110 millones
de años.2
La supuesta diferencia de edad entre el molusco y el más probable candidato
para taladrar huecos es 400 millones de años dentro de la escala geológica
de tiempo. Esto no es aceptable para los evolucionistas. Así que ellos
simplemente asumen que algún taladrador aún no identificado hizo
los huecos. Para un creacionista, tales datos no presentan un problema puesto
que los moluscos y los taladradores de conchas vivieron todos antes del Diluvio
y fueron enterrados en el Diluvio (los huecos pudieron haber sido taladrados
antes o durante el Diluvio).
Este ejemplo no es un caso aislado. Los métodos de datación no
son todos tan confiables y pueden ser manipulados para concordar con los fósiles
índices. El ejemplo mejor documentado de esto se encuentra en el apéndice
del libro de Marvin Lubenow: Bones of Contention (Huesos de Contienda).3 El
apéndice, apropiadamente llamado el juego de datar, documenta
a partir de literatura evolucionista cómo la manipulación de cuatro
métodos radiométricos de datación y dos sistemas para datar
los fósiles (elefantes y cerdos) concordaban en que el supuesto hombre
fósil de Richard Leakey, el cráneo KNM-ER 1470, tenía unos
2.6 millones de años. Sin embargo, los paleoantropólogos no podían
creer que un cráneo con una apariencia tan moderna fuera tan antiguo.
De nuevo, la mentalidad evolucionista motivó este asunto. Para mantener
el cuento evolucionista consistente, la roca volcánica asociada con el
cráneo fue datada nuevamente. ¡Oh sorpresa! Una datación
por varios métodos nuevamente mostró otra fecha consistente
de 1.6 millones de años. Finalmente, pudieron llegar a una fecha en que
todos estaban de acuerdo. Durante esta controversia de diez años, se
reveló que algunas fechas llegaron a dar hasta 230 millones de años.
¿Qué dice esto acerca de la independencia de los métodos
de datación?
Al respecto de la datación radiométrica, John Woodmorappe ha documentado
en su libro, The Mythology of Modern Dating Methods (La Mitología de
los métodos de datación modernos), 4 las innumerables manipulaciones
invocadas para producir fechas radiométricas consistentes.
De vez en cuando, me encuentro con afirmaciones de cómo las fechas radiométricas
son simplemente engranadas a las fechas de los fósiles. En mi estudio
de la geología de los estados del noroeste, me encontré con la
siguiente admisión en Cascadia: La Evolución Geológica
del Noroeste Pacífico:
Uno podría imaginar que los métodos directos (datación
radiométrica) para medir el tiempo harían obsoletos todos los
medios previos para estimar edades, pero estas nuevas mediciones absolutas
son usadas más como un suplemento a los métodos tradicionales
(fósiles índices) que como un substituto. Los geólogos
ponen más fe en los principios de superposición (los estratos
son más jóvenes hacia arriba) y la sucesión de la fauna
(evolución) que en los números que salen de una máquina.
Si los resultados del laboratorio contradicen la evidencia de campo, el geólogo
asume que hay algo erróneo con la fecha de la máquina. Para ponerlo
de otra manera, las fechas buenas son las que concuerdan con los
datos de campo (los fósiles en el estrato)5 (los corchetes son
míos y las citas de él).
He documentado en otros escritos cómo unos restos de dinosaurios encontrados
primeramente en la primera parte del Terciario fueron considerados adaptados
del Cretáceo o el sedimento repentinamente se fechó otra vez y
se encontró que era del Cretáceo.6 Esos procedimientos
automáticamente refuerzan la creencia en que los dinosaurios se extinguieron
al final del Periodo Cretáceo en la mente del público así
como de otros científicos. Este es sólo uno de muchos ejemplos
del síndrome de refuerzo, un tipo de razonamiento circular en el que
una hipótesis es repetidamente reforzada con datos seleccionados posteriormente,
especialmente si esa hipótesis se origina de un científico prominente.7
Los prejuicios, consciente o inconscientemente, han obligado a los científicos
a ignorar importantes evidencias de inconsistencia en los datos, creando una
aparente uniformidad de fechas y reforzando teorías previamente sostenidas.
Para el ingenuo, esta consistencia parece como verdad, pero es simplemente una
consecuencia del paradigma evolucionista/uniformista de las largas edades.
Referencias
1. Perkins, S., Beyond bones: trace fossils yield important clues to ancient
life. Science News 159:362-364, 2001.
2. Perkins, Ref. 1, p. 363.
3. Lubenow, M.L., Bones of contention: A Creationist Assessment of Human Fossils,
Baker Book House, Grand Rapids, Michigan, 1992.
4. Woodmorappe, J., The Mythology of Modern Dating Methods, Institute for Creation
Research, El Cajon, California, 1999.
5. McKee, B., Cascadia: The Geologic Evolution of the Pacific Northwest, McGraw-Hill,
New York, p. 25, 1972.
6. Oard, M.J., The extinction of the dinosaurs, Creation Ex Nihilo Technical
Journal 11(2), p. 148, 1997.
7. Oard, M.J., Ancient Ice Ages or Gigantic Submarine Landslides? Creation Research
Society Monograph No. 6, Creation Research Society, St. Joseph, Missouri, pp.
11-17, 1997.
|