Porqué una mosca puede volar como tal
por Carl Wieland
Publicado por primera vez en:
TJ 12(3): 260–261, 199
Una mosca común y corriente, revoloteando sobre un basurero
es rutinariamente capaz de hacer algunas maniobras aeronáuticas
de alta velocidad que por mucho tiempo han intrigado las mentes
de ingenieros y de diseñadores de naves aéreas.
Si una mosca macho que persigue una compañera potencial
nota que ésta escasamente cambia su rumbo, responderá
con un cambio correspondiente por su parte en tan sólo
¡30 milésimas de segundo!
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| Figura 1. Una mosca mostrando
uno de los ‘órganos estabilizadores’
en forma de bastón llamados halteres. Las
flechas muestran el sendero. |
Se ha sabido por mucho tiempo que la asombrosa estabilidad
de las moscas al zumbar tiene que ver mucho con dos ‘órganos
de equilibrio’ minúsculos que poseen, llamados
halteres (ver Figura 1). Algunos insectos tienen cuatro
alas, mientras que otros, como las llamadas ‘moscas verdaderas’,
tienen dos (de ahí su nombre Diptera). Los evolucionistas
creen que las moscas de hoy descendieron de ancestros de cuatro
alas, de los cuales sus dos alas traseras se volvieron ‘vestigiales’,
o se reducieron para ser los halteres.
Obviamente no hay ninguna razón científica para
negar que los halteres están increíblemente
bien diseñados como órganos eficientes. Desde
hace mucho tiempo han sido conocidos por sus funciones de estabilizadores
de vuelo, como los giroscopios en los aeroplanos que previenen
desequilibrios por inclinación o desvío. Una de
las maneras en cómo funciona es que los halteres
generalmente funcionan opuestamente a las alas. Pero como tal
función estabilizadora tendería a hacer que la
mosca se mantuviera volando en línea recta, ¿cómo
hace la mosca para ‘deshabilitar’ esta función
giroscópica para cambiar de rumbo tan rápidamente?
El investigador Dr Michael Dickinson de la Universidad de California
en Berkeley, junto con un número de colegas, desde hace
mucho tiempo sabían que las moscas ejecutan maniobras
de vuelo en respuesta a estímulos visuales (¡por
ejemplo cuando un matamoscas está sobre de ellas!). Experimentos
sofisticados donde las moscas fueron prendidas a pequeños
sujetadores, han mostrado que las imágenes percibidas
por el sistema cerebro-ocular de la mosca causaría cambios
automáticos en la actividad del ala. Aún un misterio
permanecía, por años nadie había sido capaz
de encontrar evidencia de alguna fibra de nervios entre el cerebro
y los músculos que controlan las alas.
El adelanto comenzó cuando Dickinson estaba repasando
un texto antiguo que describía en gran detalle que algunos
músculos controlaban los halteres. Su equipo entonces
realizó más experimentos que mostraron que las
señales visuales durante el vuelo no afectaban a los
músculos de las alas, sino que afectaban significativamente
los músculos que controlaban los halteres. Esto
sugiere que la información visual fluye directamente
de los ojos y el cerebro a los halteres, no a las alas.
El equipo después demostró que el estimular los
halteres afecta el aleteo. Con todo esto, Dickinson propone
una función mucho más sofisticada para los halteres
que la previa. El punto de vista tradicional ha sido que a medida
que una mosca comienza a caerse, digamos, los halteres
son desviados (por el efecto Coriolis), estimulando algunas
células nerviosas conocidas desde hace mucho tiempo encontradas
en su base. Después esto envía las señales
apropiadas a los músculos que controlan las alas de vuelo
principales.
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| Figura 2. |
La ilustración ahora parecería ser mucho más
compleja (ver figura 2, izquierda). No sólo los halteres
envían sus señales controladoras cuando son afectados
por maniobras directas, sino que un estímulo visual (por
ejemplo un matamoscas aproximándose) causará que
la información fluya desde el sistema cerebro-ocular
a los halteres, lo que actúa como una estación
de relevo para las alas principales.
Dickinson propone que es más lógico pensar así
que en pensar que sería un desvío innecesario
para los impulsos eléctricos. Los halteres tienden
a mantener al insecto volando en la misma dirección,
así que cuando tiene que hacer un giro repentino, los
halteres tienen que responder igual a los músculos
de vuelo. Así que en vez de ‘apagar el giroscopio’,
los halteres se afinan alistándose para la maniobra
requerida en respuesta a las señales visuales, una fracción
de segundo antes de que pasen la información a los músculos
de vuelo principales. Él dice:
‘Desde un punto de vista de ingeniería, esto es
más ingenioso y más eficiente. De esta forma nunca
se apaga el estabilizador, sino que se afina para que el sistema
nervioso controle su mecanismo de momento a momento.’
También, el Dr Cole Gilbert de la Universidad de Cornell
ha demostrado que la posición relativa de la cabeza de
una mosca en relación a su cuerpo envía información
a las alas y los halteres. Todo esto indica una red de
nervios tanto afuera como adentro del cerebro del insecto, lo
cual es capaz de realizar acciones de tándem inmensamente
complejas y sofisticadas que eclipsan nuestra tecnología
actual. El Dr Dickinson señala muchos ‘rompecabezas’
que hay sobre cómo vuelan las moscas, y dice que piensa
que estas criaturas son ‘más fantásticas
e intrigantes’ que cualquier cosa jamás soñada
en una película de ciencia ficción.
Resumen/conclusión
1. No hay prueba de que las moscas evolucionaron de algún
‘ancestro primitivo’.
2. Tampoco hay evidencia que lleva a uno a concluir que los
halteres son ‘vestigios sobrantes’ de lo que fueron
una vez alas verdaderas de vuelo (traseras).
3. La evidencia experimental indica que los halteres son parte
de un sistema de vuelo altamente sofisticado, e inmensamente
complejo, que continúa desconcertando y asombrando a
todos los que lo estudian.
4. Esta evidencia (como también la del registro fósil)
apoya fuertemente la creencia de que las moscas fueron creadas
como tal, completas con toda la precisión sofisticada
necesaria para que nos asombraran con sus actuaciones.
5. Obviamente, por lo menos algunos de los tipos de moscas de
hoy funcionan como parte de la Maldición sobre una Creación
caída debido al pecado de Adán.
Fuentes
- Pennisi, E., 1998. Flying by the seat of their halteres
(Volando por sus halteres). Revista Science,
280(5361):201–202.
- Chan, W.P., Prete, F., Dickinson, M.H., 1998. Visual input
to the efferent control system of a fly’s ‘gyroscope’
(Participación visual del ‘giroscopio’
de una mosca en su sistema de control). Revista Science, 280(5361):289–292.
- Dayton, L., 1998. Can’t hurt a fly? Now science knows
why (¿No puede lastimar a una mosca? Ahora la ciencia
sabe porqué). Periódico Sydney Morning Herald,
14 de abril.
- Highfield, R., 1998. A magnificent flying machine (Una magnífica
máquina para volar). Periódico The Daily
Telegraph, 22 de abril, p.16.
- Anon., 1998. Fossil flies (El fósil vuela). Revista
Discover, 19(8):33.
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