Esto es lo que encontramos
en los libros de texto sobre las famosas polillas de abedul de Inglaterra (Biston
betularia): Hay diferentes tipos de polillas, claras y oscuras (debido a la
pigmentación). La contaminación de la revolución industrial
oscureció los troncos de los árboles, al matar los líquenes
de colores claros que los cubrían.
Las polillas claras, que
hasta entonces habían estado bien camufladas contra el fondo claro, eran
ahora visibles, y las aves las encontraban más fácilmente, así
que la proporción de polillas oscuras creció dramáticamente.
Luego, a medida que la contaminación fue disminuyendo, la mariposa clara
volvió a predominar.
La variación del
número de polillas fue cuidadosamente documentada capturándolas
en trampas. Experimentos que consistían en liberarlas y recapturarlas
confirmaron que en los bosques contaminados, una mayor cantidad de las polillas
oscuras sobrevivía para ser recapturada, y viceversa. Además,
se filmaron aves, comiéndose preferentemente las polillas menos camufladas
de los troncos de los árboles.
El tema ha generado un entusiasmo
evolucionista sin límite. H.B. Kettlewell, quien hizo la mayor parte
de los experimentos, dijo que si Darwin hubiera visto esto, «habría
sido testigo de la consumación y confirmación del trabajo de toda
su vida.»1
En realidad, tal como está,
lo que dicen los libros de texto no demuestra nada más que los cambios
que se pueden dar, dentro de una especie creada, en las proporciones de genes
como consecuencia de la selección natural. No ofrece nada que, incluso
dados millones de años, pudiera añadir la información necesaria
para el complejo diseño que se necesita para la evolución de ameba
a hombre.
Aún L. Harrison Matthews,
un biólogo tan distinguido a quien se le pidió escribir el prefacio
de la edición de 1971 del Origen de las Especies de Darwin, dijo que
el ejemplo de la mariposa nocturna de abedul mostraba selección natural,
pero no «evolución en acción».
Sin embargo, resulta que
esta clásica historia está llena de agujeros. Las polillas de
abedul ni siquiera se posan en los troncos de los árboles durante el
día.
El científico británico
Cyril Clarke estudió la mariposa nocturna de abedul durante 25 años,
y sólo vio dos en su hábitat natural durante el díaningún
otro investigador ha visto alguna. Kettlewell y sus colegas atrajeron las polillas
a las trampas en el bosque con luz, o liberando feromonas femeninasen
cualquier caso, estas sólo volaron a las trampas durante la noche. Así
que ¿dónde pasan el día? Clarke escribe, «La última
teoría es que descansan en las hojas de las copas de los árboles,
pero no se sabe realmente
sea como sea, son muy buenas para esconderse.»2
Las polillas que fueron
grabadas siendo comidas por las aves eran polillas criadas en un laboratorio
y puestas en los troncos de los árboles por Kettlewell; eran tan lánguidas
que en alguna ocasión tuvo que calentarlas en la capota de su coche.3
¿Y todas esas fotos
de polillas en los troncos de los árboles? Un periódico describe
cómo se hicieronlas pegaron muertas a los troncos de los árboles.4
El biólogo de la Universidad de Massachusetts Theodore Sargent, ayudó
a pegar las polillas a los árboles para un documental de NOVA. Sargent
asegura que los libros de texto y las películas han mostrado «muchas
fotografías fraudulentas».5,6
Otros estudios han mostrado
una relación muy pobre entre la capa de liquen de los troncos de los
árboles y la respectiva población de polillas de abedul. Y cuando
un grupo de investigadores pegó polillas muertas a los troncos de los
arboles en un bosque sin contaminación, las aves tomaron más de
las polillas oscuras (menos camufladas), como se esperaba; pero sus trampas
capturaron cuatro veces más polillas oscuras que claras¡lo
opuesto a las predicciones del libro de texto!7
El biólogo evolucionista
de la Universidad de Chicago, Jerry Coyne, coincide en que la teoría
de la mariposa nocturna de abedul, que era «el caballo ganador en nuestro
establo», tiene que ser desechada.
Coyne afirma que el haberse
dado cuenta de esto le produjo el mismo sentimiento que enterarse de que Santa
Claus no era real.5
Desafortunadamente, cientos
de miles de estudiantes han sido adoctrinados una vez más con una «prueba»
de la evolución que está encubierta de error, fraude y medias-verdades.8
REFERENCIAS
1. H. Kettlewell (1959),
«Darwin»s missing evidence» [«La evidencia perdida de Darwin»]
en Evolution and the fossil record [Evolución y el registro fósil],
lecturas del Scientific American, W.H. Freeman and Co., San Francisco, 1978,
p. 23.
2. C.A. Clarke, «Evolution
in reverse: clean air and the peppered moth» [«Evolución en
marcha atrás: aire limpio y la mariposa nocturna rojiza»], Biological
Journal of the Linnean Society 26:189199, 1985.
3. Calgary Herald, Marzo
21, 1999, p. D3.
4. D.R. Lees & E.R.
Creed, «Industrial melanism in Biston betularia: the role of selective
predation» [«Melanismo industrial en la Biston betularia: el rol de
la predación selectiva»], Journal of Animal Ecology 44:6783, 1975.
5. J.A. Coyne, Nature
396(6706):3536.
6. The Washington Times,
Enero 17, 1999, p. D8.
7. D.R. Lees & E.R.
Creed, ref. 4.
8. Liberados de las historias
evolucionistas del «así fue», ahora los investigadores pueden
buscar las verdaderas causas de estos cambios en la población. ¿Puede
la forma oscura tener una función, como absorber más calor? ¿Puede
reflejar condiciones en la etapa capilar? En especies diferentes de polillas
nocturnas, Sargent ha encontrado que las plantas que comen las larvas pueden
inducir o reprimir la expresión de tal «melanismo» en las polillas
adultas (ver Sargent T.R. et altres en M.K. Hecht et altres, Evolutionary Biology
30:299322, Plenum Press, New York, 1998).