La Falacia del Racismo
Publicado originalmente
en Creation Ex Nihilo 20(1):52-53, diciembre 1998-febrero 1999.
Paula Weston
La visión evolucionista de que la vida puede evolucionar hacia niveles
más «altos», alimenta las actitudes racistas. La Biblia,
por el otro lado, muestra claramente la falacia del racismo.
El incremento de la difusión de la doctrina evolucionista tiene mucho
que contestar, en relación al modo en que las personas se tratan unas
a otras.
Lamentablemente, las personas raramente reconocen que los prejuicios que
lentamente se han enraizado en sus mentes, a menudo han sido el resultado
directa o indirectamente del pensamiento evolucionista.
Una de las evidencias más frecuentes de la falta de humanidad del
hombre hacia el hombre es el racismo. Expresado simplemente, el racismo es
el prejuicio contra personas de otras «razas»1,
solamente por ese motivo. Reglas estereotipadas son aplicadas para rebajar
individuos, fundamentadas en su trasfondo cultural, piel, color, apariencia
o acento.
La mayoría de las veces, estas reglas permiten una infundada presunción
de superioridad sobre tal individuo, que a la vez justifican cualquier sentimiento
de desdén o indiferencia hacia ellos. En realidad, esta actitud está
basada en miedo, ignorancia e incomprensión. Las manifestaciones del
racismo pueden ser flagrantes, tales como las perpetradas por el Ku Klux Klan
o la opresión del «apartheid» o también pueden ser
tan simples como relatar anécdotas degradantes o teniendo una actitud
fría de indiferencia.
Como resultado del pensamiento evolucionista, muchos en la sociedad occidental
son incapaces de experimentar alguna simpatía por los niños
hambrientos de las naciones pobres del Tercer Mundo. Por razones que nunca
podrán justificar, ellos creen que la «vida», de algún
modo, tiene menos significado para estos extranjeros con color de piel y facciones
diferentes. ¡ Aunque parezca increíble he oído este tipo
de comentarios de personas «cultas»!
Esta actitud desconsiderada es comprensible si las personas aceptan la idea
de la «supervivencia del más apto», de que las reglas del
mundo animal se deben aplicar a los humanos «porque todos hemos evolucionado
de los animales».
Ni el racismo ni la idea de la evolución comenzaron
con Darwin. Ambas son manifestaciones de un pensamiento fundado en una base
no bíblica. No obstante, los escritos de Darwin alimentaron la idea
del racismo, proveyéndole una justificación «científica».
La Biblia, por supuesto, enseña en el primer capítulo de Génesis
que Dios creó los cielos y la tierra, y toda la vida sobre ella. No
hay evidencia que demuestre que la existencia del hombre ocurrió de
otra manera. La teoría de la evolución está basada en
suposiciones y falta de información.
Si creemos la Biblia, toda la Biblia, entonces está claro que todas
las personas fueron creadas por Dios. «Entonces Jehová Dios formó
al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida,
y fue el hombre un ser viviente» (Génesis 2:7).
Hechos 17:26 dice: «Y (Dios) de una sangre [p.ej. de un ancestro original,
Adán y su mujer Eva] ha hecho todo el linaje de los hombres, para que
habiten sobre toda la faz de la tierra...». ¡Esto significa que
todos somos parientes !
El origen de las distintas «razas» de la tierra (la Biblia no
usa ese término, sino que las llama tribus y naciones) ha causado durante
mucho tiempo una confusión innecesaria, tanto en cristianos como en
no cristianos. La verdad es sorprendentemente simple.
Hoy, la mayoría de los evolucionistas no discutirían el concepto
bíblico creacionista de que todas las «razas» provienen
de la misma población original (no estarían de acuerdo en que
eran sólo dos individuos), aunque ese no es siempre el caso. Los evolucionistas
enseñan que estos grupos «evolucionaron» independientemente
unos de otros, separados por muchos miles de años. Los evolucionistas
sostienen que este lapso de tiempo es el necesario para explicar el desarrollo
de las diferencias físicas entre las «razas».
Este concepto engañoso da nacimiento a la idea de que algunas «razas»
se han desarrollado mejor y han llegado a ser más «sofisticadas»
más rápido que otras, llegando a la conclusión final
(a menudo subconscientemente) de que determinadas «razas» son
superiores a otras.
El «Libro de las Respuestas», de Ken Ham, Andrew Suelling y Carl
Wieland, ofrece una explicación clara y concisa de cómo las
diferentes «razas» se han desarrollado después de la confusión
de las lenguas y la dispersión de la población en Babel (registrada
en Génesis 11:1-9). El libro brinda evidencia científica lógica
de que la humanidad desciende de Noé y su familia (y antes de esto,
de Adán y Eva).
Este libro explica cómo la dispersión, implicando la división
del grupo grande en muchos grupos pequeños (uniendo a los miembros
que hablaban el mismo idioma), donde los individuos sólo se reproducían
dentro del mismo grupo, aseguraba que la población resultante tuviera
diferentes mezclas de genes, creando características físicas
distintivas.
Adán y Eva, creados perfectos, hubieran tenido la información
genética que le permitiera a sus vástagos, a su descendencia,
tener las diferentes combinaciones de piel, cabellos y color de ojos existentes
hoy en el mundo.2
La población actual desciende de Noé y su familia, después
del diluvio, por lo que la cantidad de genes disponibles probablemente fuera
levemente menor que aquellas de Adán y Eva.
Así, la dispersión aseguraba que, dentro de un corto tiempo,
ciertas diferencias fijas, permanentes3,
se volviesen visibles en algunos de los grupos pequeños, que después
llamaríamos «razas»4 separadas.
En el libro de los Romanos se nos dice que todos los hombres nacen iguales:
«...por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria
de Dios...» (Romanos 3:23), pero la muerte y resurrección de
Jesucristo nos dio la posibilidad de la redención y salvación:
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo
unigénito, para que todo aquel (sin importar a qué tribu o «raza»
pertenezca) que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna»
(Juan 3:16). Entre los creyentes: «Ya no hay judío ni griego;
no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos vosotros
sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3:28).
A la luz de la Palabra de Dios, no hay justificación para fomentar
o perdonar el racismo.
REFERENCIAS Y NOTAS
1
La palabra «raza» era usada para significar cosas tales como la
raza Sajona, la raza Judía, etc., pero a partir de Darwin entendemos
la palabra de forma diferente, por eso la mayoría hoy piensa en esa
palabra en términos evolucionistas. Deberíamos usar «tribus
y naciones» o «grupos étnicos», debido a esta incorrecta
interpretación de la palabra «raza». Regresa
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2
Algunos rasgos pueden surgir de una pérdida de información debida
a una mutación, a partir del Diluvio. El cabello rojo, por ejemplo,
parece deberse a una mutación hereditaria tal, que una fracción
marrón-negra del pigmento melanina no puede ser producida, dejando
solo el componente rojizo. A partir de que la otra fracción proporciona
más protección contra el sol, las cabezas coloradas son más
propensas a la insolación. Regresa
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3
Tales diferencias no provienen de la nada; la información ya estaba
presente, sólo que una nueva combinación de genes puede parecer
distinta. Estas diferencias no son sólo triviales (p.ej. más
o menos cantidad del mismo pigmento en la piel); están «fijadas»
en ese grupo solamente sí interactúa dentro de su propio grupo.
En la medida que individuos de diferentes grupos se interrelacionan, los genes
están nuevamente en condiciones de combinarse, de forma que los llevarán
a un mayor potencial de variación, y a una pérdida de aparentes
diferencias entre los grupos. En teoría, tal interrelación debería
ser un beneficio genético, incrementando la información, sobre
todo entre los descendientes, y eliminando los genes perjudiciales que se
han introducido a través de las mutaciones, a partir del Diluvio. Regresa
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4
Vea el «Libro de las Respuestas», para una discusión más
completa. Regresa
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PAULA WESTON
es una periodista que trabaja para un gran diario en Brisbane, Australia.
Ha trabajado en el periodismo durante diez años, es un eficaz apoyo
de Respuestas en Génesis, y ha escrito muchos artículos para
la revista Creación, incluyendo ¿Quién inventó
la tierra plana?, Osos por el mundo... y La fascinante sepia.