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Los Terroristas y la Muerte
por Ken Ham y Dr Jonathan Sarfati

Al apaciguarse un poco el shock por los horribles eventos de ayer, mucha gente probablemente se estará preguntando por qué ocurren cosas así. Otros pueden hacer preguntas como: ‘¿Cómo puede haber un Dios amoroso controlando el universo a la luz de tanta muerte y sufrimiento?

’Desde la perspectiva del libro de Génesis como historia literal, el mundo perfecto—descrito por Dios como ‘bueno en gran manera’—fue arruinado por la rebelión de Adán. El pecado entró al mundo que una vez fue un paraíso.

Puesto que Adán era la cabeza de la raza humana, y todos nosotros somos descendientes de Adán, la Biblia es clara al decir que todos pecamos en Adán (Romanos 5:12 ss.; 1 Corintios 15:21–22). En 1 Corintios 15:26, Pablo describe a la muerte como el ‘último enemigo.’ Y ese es el punto—la muerte es un enemigo—es una intrusión. La muerte del hombre y los animales no era parte de la creación original.

Tristemente, aquellos que enseñan que el mundo tiene millones de años no tienen una respuesta coherente al por qué hay muerte y sufrimiento en el mundo. Si uno cree en millones de años, entonces la muerte y el sufrimiento han sido parte permanente de este mundo. Aquellos cristianos que han creído en los supuestos millones de años de historia, lo que efectivamente han hecho es enseñar que Dios describe toda esta muerte y sufrimiento como ‘buena en gran manera’ (Génesis 1:31). Es peor si uno cree que ‘Dios usó la evolución,’ porque la evolución se apoya en la muerte del ‘menos apto’—esto significaría que Dios usó al ‘último enemigo’ como medio para lograr su creación ‘buena en gran manera’.

La Biblia es clara cuando dice que la muerte es la pena por nuestro pecado. En otras palabras, es en realidad nuestra culpa que el mundo esté como está. Cuando pecamos en Adán, efectivamente dijimos que queríamos vivir sin Dios. Todos nosotros también pecamos individualmente—Romanos 3:23. Dios tuvo que juzgar el pecado, como le advirtió a Adán que lo haría (Génesis 2:17, vea 3:19). Al hacerlo así, Dios nos ha dejado probar la vida sin Él—un mundo que se está degenerando—un mundo lleno de muerte y sufrimiento. Como dice Romanos 8:20–22, toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora. El hombre en esencia ha perdido su derecho a vivir.

Es importante notar que la Biblia enseña que el sufrimiento individual es parte de este ‘gran cuadro’; no siempre se correlaciona con un pecado particular de ese individuo. Job sufrió intensamente aunque era el hombre más justo en la tierra. Un hombre nació ciego, y Jesús refutó la idea que se debía al pecado de sus padres; en vez de eso, era para demostrar el poder de Dios (cuando Jesús lo sanó—Juan 9).

Jesús dijo algo applicable a esta tragedia presente: En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? ... O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. (Lucas 13:1–4).

A diferencia de las tragedias como la de la Torre de Siloé, los espantosos eventos de ayer son sin duda consecuencia de la maldad humana individual, de los terroristas, no de las victimas. Es probable que los perpetradores estuvieran movidos en parte por un odio intenso hacia el Cristianismo que todavía asocian con América.

Todos heredamos esta inclinación hacia el mal por ser descendientes de Adán. Dios en su misericordia, sin embargo, entró a la historia en la persona de su Hijo, el Señor Jesucristo (Juan 1:1–14). Se hizo hombre para poder sufrir la muerte (el castigo por el pecado) en una cruz, pagando por los pecados de su gente (eso también significa que Dios mismo puede tener empatía con el sufrimiento, puesto que él lo experimentó). Él también se levantó de entre los muertos, mostrando que tenía todo el poder—poder sobre la muerte. Aquellos que ponen su fe y confianza en Cristo como Salvador pueden pasar la eternidad con el Señor en un lugar donde no habrá más muerte (Apocalipsis 21:4).

Pero la Biblia advierte que todos aquellos que rechazan a Cristo probarán una ‘segunda muerte’—la separación eterna de Dios (Apocalipsis 21:8).

Pero Dios no se deleita en la muerte del impío. Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel? (Ezequiel 33:11). En otras palabras, Dios no se deleita con las aflicciones y calamidades de la gente. Él es un Dios amoroso y misericordioso—es nuestra culpa que el hombre esté en la actual situación de muerte y sufrimiento.

Dios dice, sin embargo, que estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos. (Salmo 116:15). Esto se debe a que aunque somos pecadores, aquellos que han confiado en Cristo pasarán la eternidad con su Creador en un lugar donde habita la justicia—y allá no habrá más llanto ni sufrimiento ni muerte.

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. (Apocalipsis 21:4).

Que esta tragedia nos recuerde que la principal causa para tanta calamidad: nuestro pecado—nuestra rebelión en contra de Dios. Que también nos recuerde que un Dios amoroso, a pesar de nuestra pecaminosidad, quiere que pasemos la eternidad con Él. Y recordemos que los cristianos necesitan extender un brazo amoroso y consolación a aquellos que necesitan alivio y fortaleza en este momento—y ayudémosles a encontrar ese amor en los brazos de un Creador amoroso que odia la muerte, el enemigo que un día será lanzado al Lago de Fuego (Apocalipsis 20:14).

Nuestra esperanza está en Cristo. Al recordar esto, por favor ore por las familias de los que han sido afectados por la tragedia de ayer.


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