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TortugasMaravillas
del mar
por
Paula Weston
Publicado
originalmente en Creación Ex Nihilo
MazoMayo 21(2):2831, 1999
Con su caparazón acorazado, una piel gruesa como de cuero
y su lento movimiento, la tortuga es una de las criaturas más
fácilmente reconocidas en la tierra.
Generalmente, las especies que habitan el mar se conocen como tortugas
marinas, y sus colegas en la tierra se llaman simplemente tortugas
terrestres o galápagos. Pero en el Reino Unido casi todas
son llamadas tortugas (terrapenes es el nombre dado a las especies
más pequeñas comúnmente usadas como comida).
Las que habitan en la tierra tienen patas cortas y robustas, mientras
que las que viven en ambientes marinos poseen aletas poderosas,
o remos, para nadar.
A pesar de las diferencias en tamaño, dieta y diseño
del carapacho, sólo hay dos clases principales de tortugas:
las que esconden la cabeza metiendo el cuello hacia adentro (Cryptodira)
y las que doblan el cuello de forma lateral (Pleurodira)1. Esto
sugiere que las tortugas, ahora clasificadas todas en el orden de
los reptiles Chelonia, fueron originalmente creadas en por lo menos
dos tipos básicos separados
El carapacho
protector, una parte integral de la anatomía de la tortuga,
es una envoltura de hueso cubierta por escudos también de
hueso (excepto por la tortuga de caparazón suave y la tortuga
Laúd). Las placas de hueso están fusionadas con costillas,
vértebras y partes de hombro y cadera. Aunque los caparazones
varían de familia en familia, la estructura básica
permanece igual.
Como tal, debido a que las costillas de la tortuga son inamovibles,
no puede respirar como otros reptiles (o, para tal caso, como el
hombre). En lugar de eso, los músculos abdominales llevan
a cabo la función de las costillas: dos músculos dilatan
la cavidad del pecho para inhalar, y otros presionan los órganos
contra los pulmones para forzar el aire hacia fuera.2
La gigante entre
las tortugas vivientes es la tortuga marina laúd, que puede
crecer hasta 2.7 metros de largo con una masa corporal de unos 680
kilogramos; la tortuga terrestre más grande es la de las
Galápagos de 255 kilogramos.3
Aunque hay muchas
historias acerca de la longevidad de las tortugas, no necesitan
largos periodos de tiempo para crecer. Crecen completamente en diez
años, y el crecimiento en las especies grandes puede ser
más rápido que en el hombre.4 Existen evidencias anecdóticas
de tortugas que viven más de 150 años, aunque algunos
expertos consideran que esto puede deberse a una confusión
de dos tortugas separadas cuyos periodos de cautividad se superpusieron.5
Uno de los espectáculos
más asombros en la naturaleza es el de una tortuga marina
poniendo sus huevos en la playa durante la noche, y el subsiguiente
salto brusco de los pichones hacia el agua. La tortuga verde (Chelonia
mydas) hembra se arrastra en la playa hasta un punto encima de la
línea de la marea alta y excava un hueco poco profundo, usando
sus cuatro aletas, luego cava un hoyo para un huevo en el fondo
del hueco. La arena es removida por las aletas posteriores, usadas
alternativamente. Increíblemente, la tortuga dobla la aleta
hacia adentro y la baja suavemente para recoger y transportar su
carga, una proeza a menudo realizada sin dejar caer un poco de arena.
Un golpe final lanza la arena directamente hacia atrás y
despeja el hoyo.
Luego la hembra
deposita los huevos, usualmente dos al tiempo (la nidada, como se
le llama al nido de los huevos, puede tener entre 100 y 200 de estos),
y los cubre cuidadosamente. Antes de irse, esconde la evidencia
de su actividad lanzando arena alrededor con sus aletas frontales.
Todo el proceso toma unas pocas horas.4
El tiempo necesario
para que los huevos se incuben depende del calor del sol. Cuando
las pequeñas tortugas finalmente emergen, instintivamente
se dirigen y llegan al agua. Sin embargo, una multitud de depredadores
oportunistas se asegura de que sólo unos pocos logren llegar
a la seguridad del agua profunda. Las águilas pescadoras
y los pájaros marinos de alguna manera parecen saber cuando
van a salir los pichones y están listos para cuando estos
aparezcan. Incluso en el borde del agua el vía crucis no
se acaba, con los tiburones y otros peces depredadores navegando
las aguas poco profundas. Las aletas de los pichones son sorprendentemente
largas para su tamaño, lo que aumenta sus chances de sobrevivir.
Dados los increíbles
rasgos específicos de la anatomía de la tortuga, debería
ser fácil (si la evolución fuera verdad) rastrear
sus supuestas raíces evolutivas. La Nueva Enciclopedia Británica
osadamente afirma que la evolución de la tortuga es
una de las notables en la historia de los vertebrados. Sin
embargo, en la frase siguiente dice: Infortunadamente el origen
de este orden altamente exitoso es oscuro por la falta de fósiles
primitivos, aunque las tortugas dejan más y mejores restos
fósiles que los otros vertebrados.2
Los evolucionistas
afirman que las tortugas aparecieron por primera vez durante el
Periodo Triásico (supuestamente hace 200 millones de años),
cuando eran numerosas y en posesión de las características
básicas de una tortuga. Supuestamente las tortugas
surgieron de los reptiles primitivos llamados cotilosaurios,
pero aún así los intermedios faltan completamente.2
Enfrentados a esta manifiesta carencia de evidencia evolutiva, la
enciclopedia asegura: Las tortugas sin embargo, han andado
con dificultad un trayecto impasible y estable a través del
tiempo evolutivo, cambiando muy poco en la estructura básica
(énfasis añadido).6
El Dr. Duane
Gish, en su libro Evolution: The Fossils Still Say NO!7 (Evolución:
¡Los Fósiles aún dicen NO!), dice que dada la
asombrosa estructura singular de las tortugas, debería ser
una tarea muy fácil encontrar formas de transición
para trazar el sendero evolutivo desde el ancestro reptil hasta
la tortuga, si en verdad eso fue lo que pasó. Él explica
que los cambios no serían sutiles, sino obvios, incluso para
alguien sin entrenamiento en anatomía o paleontología.
Aún así
ninguna forma transicional ha sido descubierta. El Dr. Gish cita
una serie de evolucionistas, cada uno de los cuales admite libremente
esta verdad. Uno de esos comentarios viene de Colbert y Morales:
Las primeras tortugas verdaderas hicieron su aparición
en la última parte del periodo Triásico, tiempo en
el cual ya habían avanzado mucho en las líneas de
radiación adaptativa típica de las tortugas modernas....8
El creacionista
Randall Martín también logra un punto válido
al cuestionar el porqué un reptil necesitaría desarrollar
una coraza protectora en su espalda (si en realidad las tortugas
evolucionaron de reptiles sin caparazón como se dice). Seguramente,
dice él, un caparazón incompleto daría poca
protección. Cualquier pequeña ventaja sería
sobrepasada por las serias desventajas de un engorroso obstáculo
al escapar de los depredadores.9
El relato Bíblico
de la creación en Génesis 1 animales creados
para reproducirse según su género- significaría
que las tortugas serían instantáneamente reconocidas
como tortugas, con el carapacho y otros rasgos únicos completamente
formados desde el principio,7 y ninguna serie de ancestros
pre-tortugas deberían ser encontrada. Es obvio que
el registro fósil de las tortugas da un poderoso apoyo a
la creación bíblica, y se opone a la idea de la evolución.
Referencias
y Notas
1. Wayne Frair, Original Kinds and Turtle Phylogeny
(Tipos Originales y Filogenia de la Tortuga), Creation Research
Society Quaterly, 28(1):22, junio de 1991.
2. La Nueva Enciclopedia Británica, 26:704, 15ava edición,
1992.
3. Ref. 2, p.
688.
4. Ref. 2, p.
703.
5. Ref. 2,
p. 692.
6. Ref. 2, p. 705.
7. Duane Gish, Evolution: The Fossils Still Say NO! (Evolución:
¡Los Fósiles aún dicen NO!), pp. 112-115, Institute
for Creation Research, California, 1995. Un artículo en la
revista Nature por Ren Hirayama, 392(6678):705, abril 16 de 1998
también menciona la falta de evidencia fósil para
la evolución de la tortuga, El registro fósil
de los chelonioids antes del Cretáceo Superior ha sido pobremente
documentado.
8. E.H. Colbert y M. Morales, Evolution of the Vertebrates (Evolución
de los Vertebrados), Nueva York: John Wiley and Sons, 1999, p. 216,
citados en Gish, Ref. 7.
9. Randall Martín, The Phantom Bridge Exposed: The
Latest Turtle Attack (El Puente Fantasma Expuesto: El Último
Ataque de la Tortuga), Creation Research Society Quaterly, 33(1):17,
1996.
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