Los Cristianos y el mundo entero debemos celebrar, no la Navidad, sino la Natividad de Cristo…¡Todos los días! Lo importante no es la fecha, sino la conmemoración de un hecho trascendental: el nacimiento de Jesús Cristo, el Salvador Ungido, que vino como Cordero de Gloria para perdón de nuestros pecados, y para que todo aquél que crea en Él, no se pierda más tenga vida eterna (Juan 3:16).

El Salmo 127 dice 'Herencia de Jehová son los hijos'. Dios prometió desde Genesis 3:15 Su 'Herencia', la que confirmó en Isaías 9:6 nombrándolo entre otros hermosísimos títulos, 'Principe de Paz', y realizándose miles de años después en el nacimiento de Cristo Jesús relatado en los evangelios, especialmente, en Mateo y Lucas.

Por otro lado, en Romanos 8:17 leemos que los hijos de Dios somos '…herederos de Dios y coherederos con Cristo'. Pero, ¿herederos y coherederos de qué? Bueno, si Cristo es llamado Príncipe, Su Padre es el Rey, y como tal, tiene un reino descrito en Romanos 14:17 como Su reino de '…justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo...' Entonces, si Cristo es Príncipe de Paz, y la herencia de Dios para nosotros, por tanto nosotros hemos heredado también ese reino. Este es un reino no para el futuro, sino es Su herencia para ¡ahora! Por tanto, en la Navidad se celebra la venida de ese Reino a través de la Natividad del Hijo de Dios, Príncipe de Paz. Recordemos que Él trajo la paz al mundo a través de 'la paz del perdón' (1 Juan 1:9).

Dios quiere que gocemos Su reino (Prov. 10:22), pero debemos confesar nuestro pecado (Prov. 28:13). Dice en 1 Juan 1:7, 'Y si andamos en la luz porque Él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado'.

¿Por qué tuvo que humillarse? ¿Por qué necesitaba limpiar nuestro pecado con Su sangre? ¡La respuesta está 'desde el principio', en el libro de Génesis!
Podemos encontrar que Jesucristo es el Creador y por lo tanto su primer milagro registrado en la Biblia es Génesis 1:1. La primera profecía sobre Jesucristo como hombre la encontramos en Génesis 3:15.

Podemos apreciar, entonces, la importancia trascendental que existe en aceptar el fundamento que nos da Génesis. Si no hubiera habido un Adán literal, no era necesario tener un postrer Adán literal. Si no hubo un pecado literal, no tendría que haber un Salvador; Herencia de Dios, para el perdón de nuestros pecados y el establecimiento de Su reino.