En los días de Darwin, mucha gente aceptó, sin pensarlo dos veces, la teoría de la generacíon expontánea, que dice que la vida vino de la materia muerta. Era fácil de aceptar debido a que se desconocía mucho de la estructura celular. Ernest Haeckel, impulsor de Darwin en Alemania, declaraba que la célula era ‘una simple bolsita hecha de una combinación de carbono en forma de albúmina’.1 [Haeckel fue el notorio fraudulento que inventó los diagramas embriónicos promoviendo la idea errónea que el desarrollo de un embrión no es más que una recapitulación (seguimiento) del proceso evolutivo ancestral].2

Pero la ciencia moderna ha descubierto una vasta cantidad de información compleja específica, aún en los organismos auto-reproductivos más simples. El genoma más pequeño conocido de los organismos libres es el micoplasma genitalium que tiene 482 genes comprimidos en 580,000 bases.3 Claramente, estos genes sólo funcionan con una maquinaria pre-existente de traducción y replicación, una membrana celular, etc. Pero el micoplasma solo puede sobrevivir como parásito de organismos más complejos, que le proveen de nutrientes que él no puede fabricar. Por tanto, los evolucionistas deben explicar este hecho con un organismo libre 'más primitivo' y más complejo con aún más genes.

Recientemente, Eugene Koonin y otros trataron de calcular el mínimo de genes requerido para una célula viva, y dieron un resultado de 256 genes. Pero dudaban que ese organismo hipotético pudiera sobrevivir, pues tal organismo difícilmente repararía un daño en el ADN, no podría sintonizar finamente los genes restantes, no tendría la habilidad de digerir compuestos complejos, y necesitaría una provisión aceptable de nutrientes orgánicos en su medio.4

Aún así, este organismo ‘simple’ cuenta con mucha más información que la esperada con tiempo y suerte, y sin la selección natural. El teórico de la información, Hubert Yockey calculó que dada una fuente de aminoácidos puros y biológicamente activados, la cantidad total de información que pudiera ser producida, aún dándole 10 a la 9a años como los evolucionistas sugieren, sería un pequeño polipéptido midiendo 49 aminoácidos de largo.5 Éste es un 1/8 del tamaño (en su contenido de información) de una proteína típica, siendo que una simple célula hipotética como la mencionada arriba, necesita de al menos 256 proteínas. Además la estimación de Yockey presupone generosamente que los muchos obstáculos han sido superados, lo cual es una enorme suposición, como lo han demostrado muchos autores creacionistas.6

Nota Bene: La selección natural no puede ser invocada para explicar el origen, ya que ésta requiere que el organismo ya exista.

Referencias y notas

1. M.J. Behe, 'Darwin’s Black Box: The Biochemical Challenge to Evolution' (La caja negra de darwin: un reto bioquímico a la evolución), The Free Press, Nueva York, 1996, p.24. Regresar al texto.

2. R.M. Grigg, ‘Ernest Haeckel: Evangelist for evolution and apostle of deceit’ (El evangelista de la evolución y un apóstol de la decepción), Revista Creation Ex Nihilo 18 (2):33-36, 1996. Regresar al texto.

3. A. Goffeau, ‘Life With 482 Genes’ (Vida con 482 genes), Revista Science, 270(5235):445-6, 1995. Regresar al texto.

4. W. Wells, ‘Taking life to bits’ (Llevando la vida a porciones), Revista New Scientist, 155(2095):30-33, 1997. Regresar al texto.

5. H.P. Yockey, ‘A Calculation of the Probability of Spontaneus Biogenesis by Information Theory’ (Un cálculo de la probabilidad de biogénesis espontántea a través de la Teoría de la Información), Revista Journal of Theoretical Biology, 67:377-398, 1977. Regresar al texto.

6. C.B. Thaxton, W.L. Bradley & R.L. Olsen, 'The Mystery of Life Origin' (El Misterio del Origen de la Vida), Philosophical Librery Inc. Nueva York, 1984; W.R. Bird, 1991; 'The Origin of Species: Revisited' (El Origen de las Especies: Revisitada), Thomas Nelson, Inc., Nashville, Tennessee, Volumen I Parte III, 1991; S.E. Aw, ‘The Origin of Life: A Critique of Current Scientific Models’ (El origen de la vida: una crítica de modelos científicos recientes), Revista Creation Ex Nihilo Technical Journal, 10(3):300-314, 1996; J.D. Sarfati, 1997 ‘Self-Replicating Enzymes?’ (¿Enzimas que se copian a sí mismos?) Revista Creation Ex Nihilo Technical Journal 11(1):4-6, 1997. Regresar al texto.