En una llamada telefónica, a 15,000 kilómetros de distancia, mi hermana me describía la apariencia física de nuestro hermano: ‘¿Te acuerdas de esas terribles fotos de los prisioneros de los campos de concentración? ¿Te acuerdas de lo delgado que se veían los prisioneros? Robert me acuerda de ellos’. Esto era consecuencia de la enfermedad degenerativa del cerebro que tenía él; un tipo de demencia.

Quería ver a mi hermano menor una vez más. Era tan joven, cuarenta y tantos años, ¿cómo era posible que le estuviera sucediendo esto? Abordé un avión para volar por 20 horas. Tuve mucho tiempo para reflexionar en el pasado y contemplar en el futuro. Pocas horas después de llegar a Australia, mi corazón empezó a agitarse conforme caminaba hacia el asilo con mi madre. Estaba seguro que no estaba preparado suficientemente para lo que iba a experimentar en este encuentro.

Fue una escena patética. Allí estaba Robert postrado, sin moverse. Ni siquiera reconoció a su madre ni a mí, su hermano mayor. Mamá le levantó un poco la cabeza y empezó la ardua tarea de tratar de que tomara algo de la bebida especial que le había preparado. Cuando la bebía, se empezaba ahogar. Mamá le limpiaba su cara y esperaba la próxima oportunidad para darle otro traguito. Las lágrimas corrían por las mejillas de mi madre.

¿Cómo un Dios amoroso y todo poderoso permite que un hombre de Dios dedicado a Su servicio sea invalidado en la primavera de su vida, por una enfermedad terrible y deshumanizante que le causa perder sus facultades mentales y sus funciones musculares, muriendo lentamente, mientras que sus familiares observan impotentes?

Polvo y cenizas—las claves para una esperanza verdadera.

Constantemente cito el libro de Job en mis pláticas sobre Génesis, pero ¿sabe cuáles son las cosas más importantes que podemos aprender del libro de Job? Dios custiona a Job: ¿Conoces esto Job? ¿Qué hay de esto? Dios usa ejemplo tras ejemplo para traer a Job al punto en Job 42 donde leemos:

‘Respondió Job a Jehová: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti...por tanto, yo hablaba de cosas que no entendía; cosas demasiado maravillosas

para mí que yo no comprendía....mas ahora mis ojos te ven, por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza’ (Job 42:1-6).
Básicamente, ésta es la respuesta al asunto sobre muerte y sufrimiento. Job reconocía que comparado a lo que Dios conoce, él no conocía nada. Él se arrepintió de su arrogancia humana y totalmente sometió su vida al Dios sabio y soberano. El principio fundamental es que nosotros no vamos a tener todas las respuestas como para responder por qué suceden cosas como la enfermedad de Rob.
Sólo Dios conoce todo, nosotros simplemente somos humanos falibles quienes, como Job, necesitamos reconocer que no sabemos nada comparado con la sabiduría de Dios.

El relato de la Biblia acerca de los orígenes en Génesis, no obstante, nos presenta una idea del mundo que nos rodea. Esto me ha ayudado grandemente para comprender el asunto sobre el sufrimiento y la muerte. La Palabra de Dios nos dice claramente donde se originó la enfermedad y la muerte. Nosotros debemos entender que vivimos en un mundo caído. Toda persona necesita ser sanada espiritualmente, y la sanidad total no viene hasta que dejemos este universo maldito por el pecado.

Dios tiene un plan soberano mas allá de lo que podemos imaginar. Por tanto, necesitamos poner toda nuestra confianza en la Palabra de Dios y en el hecho que Él está en control total. ‘Jehová es; haga lo que bien le pareciere’ (1 Samuel 3:18).

Al final de mi visita al asilo, sabiendo que ésta podría ser mi visita de despedida a Robert, me incliné a él y le di un beso en la frente, ‘adiós Robert. Te amo hermano.’ Abandoné el cuarto de alguna forma desconcertado, pero con una paz real que vino sobre mí sabiendo que él era del Señor, y que él estaba en Sus manos. Sollozé, pero no como los que no saben de la maravillosa esperanza de la vida eterna.

Sí, enfermedad, sufrimiento y muerte, son parte normal de esta vida. Pero: ‘Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de toda consolación’ (2 Corintios 1:3).

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