Atletas Olímpicos

Atletas de todo el mundo se han abalanzado sobre Vancouver, Columbia Británica, en busca de ORO. Han practicado su deporte, han desarrollado condición física y se han ganado el derecho de representar a su país en las XXI Juegos Olímpicos de Invierno. Para cada atleta la búsqueda del oro olímpico ha sido una meta de toda la vida y se considera la máxima victoria deportiva. Los Juegos Olímpicos de Vancouver traerán la realización de ese sueño para muchos, al colgárseles al cuelo un pedazo de oro forjado en el podio de premiación en las diversas sedes olímpicas.

Vancouver, Columbia Británica

Columbia Británica es la más occidental de las provincias de Canadá y es famosa por su belleza natural, como lo refleja el lema en latín splendor sine occasu (esplendor que no mengua).

La costa de esta asombrosa provincia se extiende por 27,000 kilómetros e incluye profundos fiordos montañosos y unas 6,000 diferentes islas. Vancouver es la ciudad más grande de Columbia Británica y ostenta una población de dos millones de personas en el área metropolitana. En el año 2003 el Comité Olímpico eligió esta ciudad como anfitriona de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010.

La Fiebre del Oro de Columbia Británica

La carrera olímpica por el oro es un recordatorio de otros tiempos cuando hubo un movimiento masivo de personas hacia esta región, también buscando oro.

La fiebre del oro en el Cañón Fraser en 1858 trajo a más de 30,000 personas a Columbia Británica cuando se descubrió oro en el río Thompson. Documentos históricos reportan que corrieron hacia acá personas desde Escandinavia, Italia, Bélgica, Francia, Hawaii, México, el Caribe, Canadá, Estados Unidos y otros países europeos. Para algunos, la búsqueda fue un gran éxito y encontraron oro; tristemente para la mayoría, la búsqueda de oro fue infructífera. Los turistas pueden visitar los lugares de esta fiebre del oro y escuchar anécdotas de éxitos y fracasos, muerte y enfermedad, dificultad y dolor.

La Fiebre del Oro de 2010 seguramente será mucho más placentera para los buscadores de oro, y les deseamos a todos los atletas olímpicos el mejor de los éxitos.

Ciudad de Oro

La historia del oro se remonta hasta los tiempos más antiguos de la historia humana; el oro se menciona en el segundo capítulo de la Biblia. En la descripción bíblica de la región alrededor del Huerto de Edén (residencia del primer hombre y la primera mujer) leemos:

“Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno” (Génesis 2:10-12).

Este más precioso de todos los metales se puede encontrar en las historias de todas las civilizaciones de la humanidad. El oro siempre ha sido valorado y la gente a invertido vidas enteras en las diversas industrias del oro.

La historia está repleta de referencias al oro que se usa en joyería, monedas y todo tipo de decoraciones.

Existen no menos de 360 referencias al oro en la Biblia. Es interesante que el último libro de la Biblia, Apocalipsis, describe una fascinante ciudad de oro. Incluso, esta ciudad celestial se describe como provista de calles de oro.

“Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio” (Apocalipsis 21:21).

Esta asombrosa ciudad, hecha de oro, es el cielo de Dios. El Creador del hombre, como lo hizo en el Huerto de Edén, está creando un nuevo hogar para su pueblo.

Dios y Oro

Como el lector sabe, existen muchas ideas sobre la manera en que una persona de la tierra puede ir a la Ciudad Dorada de Dios. ¿Cómo puede uno encontrar la verdad acerca de Dios? ¿Cómo aprende uno acerca del cielo? ¿Cómo investiga uno sobre la eternidad?

Las respuestas se encuentran en el libro de mayor venta en todo el mundo, la Biblia. La Biblia fue inspirada por Dios y es totalmente confiable para ayudarte en tu vida y darte esperanza para la eternidad. El Creador del oro, el más fino de todos los metales, es además el Creador del hombre, Su mejor creación.

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza . . .” (Génesis 1:26).
“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra . . . ” (Génesis 2:7).

El hombre fue creado perfecto y no había pecado, enfermedad ni muerte en el hogar de Adán y Eva en el Edén. Con todo el esplendor y los beneficios provistos en el Huerto de Edén, Dios hizo una prohibición:

“Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17).

La pareja en el Huerto fue confrontada por el Diablo (el padre de toda mentira) quien acababa de pecar contra Dios, y usando una serpiente, puso en tela de duda la Palabra de Dios, el carácter de Dios y la veracidad de Dios.

“¿Conque Dios os ha dicho: ‘No comáis de todo árbol del huerto’?” (Génesis 3:1).

El día más triste y trágico de toda la historia humana fue el día que ellos sucumbieron a las mentiras del maligno y pensaron vanidosamente que podían ser como Dios. Comieron del fruto prohibido, desobedeciendo directamente al Creador, e inmediatamente el pecado, la muerte y la enfermedad llegaron a ser realidades en su vida. Dios los expulsó del Huerto con una maldición sobre ellos y una maldición sobre el mundo en el que habían de vivir. Esta maldición es observable hasta el día de hoy en que vemos toda clase de tragedia humana, terminando con la muerte.

Ese primer pecado por Adán y Eva separó a la humanidad de Dios, y todo ser humano nacería pecador y eternamente perdido y condenado al infierno (Lucas 12:5).

“Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:23).

Pero Dios, en su asombroso amor por el hombre, tenía un plan para TI. Él pagaría el precio por el pecado, muriendo en una cruz como tu sustituto. Dios se hizo hombre en Jesucristo y nos enseñó acerca de Su amor por nosotros; nos enseñó que todos nosotros éramos gente muy especial (no éramos un accidente) y luego Él llevó nuestro pecado sobre sí mismo y murió la muerte que tú debías haber sufrido. Él ahora ofrece completo perdón por todos tus pecados y te promete un hogar (dorado) en el cielo cuando mueras.

Oro de los Tontos

Durante la fiebre del oro, el mineral pirita, un sulfuro de hierro de brillo metálico amarillento, solía confundirse con el oro verdadero. Los buscadores de oro eran engañados y alentaban esperanzas falsas cuando descubrían pirita.

¿Estás Tú Engañado?

“Dice el necio en su corazón: ‘No hay Dios’” (Salmo 14:1). Jesús mismo dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

¿Qué Debo Hacer?

La Biblia es muy clara sobre el tema de la salvación:

“Todo aquel que cree en Él (Jesucristo) no se pierda más tenga vida eterna” (Juan 3:16).
  • Reconoce que eres pecador (Romanos 3:23; 1 Juan 1:8).
  • Arrepiéntete de tu pecado (Hechos 17:30).
  • Recibe a Jesucristo como Señor de tu vida (Juan 1:12).
  • Reconoce que la vida eterna es un regalo de Dios (Romanos 6:23).
  • Recibe por fe el regalo de Dios—Tomándole a Dios la Palabra (Romanos 10:8-11).
  • Lee y cree lo que dice la Biblia: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
  • Expresa esto a Dios en oración. No hay ninguna oración en particular que se deba hacer, pero quizá quieras decir algo así:
    “Amado Dios, gracias por enviar a Tu Hijo, el Señor Jesucristo, para pagar por mis pecados en la cruz. Gracias porque Él murió por mí. Reconozco que soy pecador y que no puedo salvarme a mí mismo. Recibo Tu regalo de salvación por fe. Gracias por amarme tanto como para salvarme. En el nombre de Jesucristo, amén.”

Es Mejor que el Oro

La Biblia dice: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).

¿Cómo sabes que eres salvo? ¡La Biblia dice que puedes saberlo! “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

Las Siete “C’s” de la Historia

En el principio—en seis días de 24 horas—Dios hizo una creación perfecta.

El primer hombre, Adán, desobedeció al Creador. Su pecado trajo muerte y corrupción a la creación.

La raza de Adán llegó a ser tan mala que Dios juzgó al mundo con una gran catástrofe—un diluvio global—de la que sólo se salvaron los que estaban en el Arca que construyó Noé.

Cuando los descendientes de Noé desobedecieron el mandato de Dios de llenar la tierra, Dios trajo confusión sobre su lenguaje, obligándolos a dispersarse por toda la tierra.

El Creador se hizo hombre, Cristo Jesús, quien obedeció a Dios en todo, a diferencia del primer hombre, Adán.

Jesús, el Mesías, murió en la cruz para pagar la pena por el pecado de la humanidad contra Dios. Resucitó de los muertos, proveyendo vida para todo el que confie en Él.

Un día, en la consumación, el Creador volverá a hacer Su creación. Expulsará la muerte y a los desobedientes, creará un nuevo cielo y una nueva tierra, y morará eternamente con los que confían en Él.