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La obra musical de Annie presenta una canción por una pequeña niña huérfana titulada ‘Esta vida es criminal’. En ella, la pequeña canta que es más fácil tirar la toalla que luchar. A pesar de esto Annie, la heroína del la obra, permanece optimista a través de una serie de circunstancias difíciles. En estas situaciones ella anima desde la huérfana hasta el presidente cantando, ‘El sol saldrá mañana , deja de lado la tristeza y la pena.’ Al final de la obra la adopta el amable y benevolente Papi Warbucks, haciéndolo un final feliz para todas las huérfanas.

Cuán frecuente nos encontramos con individuos que concluyen que simplemente no vale la pena pelear en ‘esta vida criminal.’ ¿Por qué algunos sólo ‘arrojan la toalla’, y en el proceso también tiran sus vidas? ¿Pudiera ser que una aceptación incondicional de la teoría de la evolución haya traído consigo una desesperación abrumadora? Después de tener muchos contactos con varios pacientes atribulados he llegado a la conclusión que la respuesta incuestionablemente es SÍ.

El año pasado traté a una dama joven que en un arranque de ebriedad se lastimó el brazo fuertemente con una ventana. Tuvimos varias conversaciones mientras se recuperaba. Supe un poquito sobre la vida que ella llevaba, y me contó sobre su uso de drogas y sobre de los tristes atavíos de ese estilo de vida. Un ministro de la familia había tratado de ayudarla pero ella no pudo salir adelante. ¿Cuál era su sistema de creencias que hacía que rechazara las Buenas Nuevas?

En su última consulta le pregunté, ‘Dígame, ¿qué piensa sobre la diferencia de hombres y animales?’ Fue rápida para responder, ‘Somos simplemente igual que todos los otros animales, perros que se comen a otros’. Creía completamente en la evolución, en la supervivencia del más apto, y en que uno necesita luchar y dar zarpasos en su camino a la cima. No estaba abierta a cambiar. La última vez que la vi fue cuando la admitieron nuevamente en el hospital , aletargada, y en la unidad de terapia intensiva recibiendo tratamiento para una colección de heridas auto-infligidas.

La semana pasada me encontré con un hombre que yo había tratado por heridas con arma de fuego. Él se había involucrado con el ‘grupo equivocado’. Otra persona había codiciado lo que él tenía y trató de tomarlo con violencia. Mi paciente sintió ambas cosas: deseo de suicidio y homicidio durante las semanas que siguieron a las heridas. Un domingo en la noche, tiempo después que sus heridas habían cicatrizado, se desesperó y pidió ayuda. En el teléfono le expliqué que podría encontrarme con él, pero que le compartiría de la Biblia. Respondió, ‘Está bien, ya no puedo más’. Tomando café escuché como me contaba de sus problemas con drogas, la ley y otra gente. El no sabía a quién recurrir. Recordando mi experiencia con la otra paciente, le pregunté, ‘dígame, le enseñaron en la escuela que Ud. es un producto de la evolución o azar aleatorio?’ Me dijo que SÍ. Le pedí que mirara su mano, la misma que le ayudé a sanar. ‘Mire su mano’, le dije. ‘Piense sobre su diseño geométrico complejo, su sensación y su movimiento. Piensa que su mano es el producto de eventos accidentales y aleatorios? Realmente piensa que Ud. evolucionó deliberadamente de una sopa primitiva?’

‘No, no lo creo’,fue la respuesta.

Fue cuando le compartí cómo la Biblia dice que nosotros fuimos creados por Dios y que aún antes que el mundo fue creado, Él nos conocía y tenía un plan para cada uno de nosotros. Poco después, aceptó el plan de redención y volvió a tomar las riendas de su vida. Ahora es un Cristiano que dejó atrás la vida vieja, dándose cuenta que ahora es verdaderamente libre.

Cuán interesante es notar que muchos afirman que la educación es la que eliminará el problema de la droga. La educación que muchos estudiantes hoy reciben incluye la teoría absurda de la evolución. Sus doctrinas incluyen que nosotros simplemente somos productos de la casualidad sin propósito y las especies han aparecido por selección natural--‘Perros que se comen unos a otros’.

Mis cursos de filosofía universitaria me enseñaron de Camus, Sartre, y otros existencialistas que también vieron una vida sin propósito. Durante los turbulentos setenta cuando fui a la universidad, me encontré a muchos ateos, sin propósito, con la enseñanza de ‘tú eres el producto de la casualidad’.

Ambos pacientes estaban esclavizados por drogas ilegales, cautivos por muchos problemas físicos y sociales que los acompañan. Ambos pacientes tenían bases evolucionistas para sus creencias y acciones. Uno abrazó la inútil filosofía desesperanzada y sin-propósito de la evolución y permaneció en un triste estado. El otro rechazó la filosofía hueca y vino a conocer al Señor.

La canción de la pequeña huérfana ‘Es una vida criminal’ sostiene la verdad para muchos individuos. La escritura registra cómo Jesús ministró las dolencias de los otros: El nos amonestó a hacer lo mismo. Cuán cruel sería destrozar la esperanza de la pequeña huérfana con una teoría no-comprobada , filosofía u otro mensaje carente de esperanza. Felizmente, las buenas nuevas de el Evangelio son que su vida no es sin-propósito y que nosotros podemos recibir la adopción como hijos e hijas cuando nosotros recibimos a Cristo como nuestro Salvador. ¡Difunda la Palabra!