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La noticia sensacional: En octubre del 2000, algunos investigadores dirigidos por el Profesor Russell Vreeland de la Universidad West Chester de Pennsylvania, EE.UU., afirmaron haber revivido bacterias que habían permanecido dormidas, atrapadas dentro de cristales de sal desde el tiempo en que se formaron.1 Gran cosa, podrá decir usted–pero los cristales de sal, de una mina en Nuevo México, vienen de 600 metros (2,000 pies) de profundidad, de una capa fechada geológicamente en 250 millones de años.

El asunto: Si las bacterias en realidad vinieron del interior de los cristales, y no se debieron a contaminación por bacterias modernas, entonces se concluye que toda su maquinaria frágil y compleja sobrevivió desde el tiempo en que la capa geológica se formó. Si eso fue hace unos miles de años, entonces tal supervivencia se convierte en algo remotamente factible, aunque incluso sorprendente.

Las moléculas biológicas son inmensamente complejas, y como tales son muy frágiles. Tome el ADN por ejemplo. Incluso protegido de la humedad, el calor y otras formas de energía como la radiación, eventualmente las ‘desharía’.2 De hecho, medidas de laboratorio indican que después de 100,000 años a lo sumo, no quedaría nada de ADN, mucho menos toda la maquinaria intacta que se necesita para hacer un ser vivo.3

Enterrada dentro de un cristal de sal, una cosa viva no puede extraer energía de su ambiente. Así que la única manera en que podría sobrevivir por incluso cientos de años en esa situación sería adormeciéndose, en otras palabras, ‘apagando’ su maquinaria. Sin embargo, eso prevendría que se pudiera reparar a sí misma. La tendencia a deshacerse permanecería sin obstáculos.

La conclusión obvia: la capa geológica no tiene millones de años en realidad. Quizás al darse cuenta de esta profunda implicación, muchos científicos se han vuelto muy escépticos de tales afirmaciones del ADN ‘antiguo’ y mucho menos de vida antigua.

La controversia: El Profesor Dan Graur y el Dr Tal Pupko, de la Universidad de Tel Aviv en Israel, dicen haber demostrado ahora que las bacterias revividas de la sal son en realidad contaminantes modernos.4 La base para su afirmación es que comparando las secuencias genéticas (ADN) de la variedad ‘revivida’ con aquellas del tipo moderno se muestra que son muy similares. Si la diferencia entre ellas fuera 250 millones de años, dicen estos investigadores, se habrían acumulado más cambios genéticos.

El investigador original ha respondido de manera vehemente. El Prof. Vreeland dice que aunque se le pidió que revisara el artículo original de Graur y Pupko acerca de las secuencias, ellos no publicarían sus respuestas. Él insiste que las precauciones que él y su equipo tomaron para excluir completamente la contaminación fueron tales que, dice él, la probabilidad de que ocurriera es menor a uno en un millón. El equipo está tan seguro de esto que uno de sus integrantes sugiere que la razón por la similitud debe ser que estas bacterias antiguas han escapado previamente hacia el ambiente, cuando sal del depósito fue disuelta en un río.

Mientras la controversia aumenta, una posibilidad obvia emerge: ¡ambos pueden tener la razón!

Considere este escenario: El Dr. Vreeland y sus colegas tienen la razón en que las bacterias que revivieron fueron sin duda atrapadas dentro del cristal de sal. Los críticos también aciertan cuando insisten que las leyes de la física dicen que ninguna cosa viva puede permanecer dormida por más de unos pocos cientos de años a lo sumo.

De esa manera: La formación geológica tiene efectivamente sólo unos miles de años, no 250 millones (vea estos artículos). Esto explica nítidamente por qué las bacterias revividas son tan similares a sus contrapartes modernas–no ha habido suficiente tiempo para acumular muchos errores. Ellas se reproducen según su tipo de cualquier manera. Por la Biblia, sabemos que el mundo tiene sólo unos 6,000 años, y el depósito que contiene los cristales de sal fue con mucha seguridad formado en el tiempo del Diluvio, hace unos 4,300 años.

Resumen: Si el equipo de West Chester en realidad ha hecho lo que dice al eliminar la contaminación de bacterias modernas, el reavivamiento de estas bacterias de estos cristales de sal es evidencia poderosa de que todo el sistema geológico de fechación no es muy confiable. La similitud de las bacterias revividas con las modernas, aunque usada para oponerse a este hallazgo, resultaría entonces confirmando mucho más que la creencia en los ‘250 millones de años’ es ficción.

Referencias y notas

1. Vreeland, R.H., Rosenzweig, W.D., Powers, D.W., Isolation of a 250 million-year-old halotolerant bacterium from a primary salt crystal, Nature 407(6806):897—900, 2000. Reportamos de sus descubrimientos en Creation 23(2):6, 2001.

2. Esto se debe a los efectos al azar del movimiento molecular, consistente con la Segunda Ley de la Termodinámica. También es imposible protegerlo de la radioactividad de fondo natural.

3. Vea, por ejemplo, Sykes, B., The past comes alive, Nature 352(6334):381—382, 1991. Como evolucionista, Sykes cree que el ADN intacto en sedimentos ‘viejos’ es evidencia de que los datos del laboratorio (se refiere a sólo 10,000 años para el ADN en este artículo, en realidad), no la edad, deben estar equivocados. (Vea también Creation 15(2):9, 1993; 14(3):43, 1992.)

4.BBCNews, Row over ancient bacteria, <http://news.bbc.co.uk/hi/english/sci/tech/newsid_1375000/1375505.stm>, 19 de Junio de 2001; reportando sobre el artículo de Graur y Pupko en el Journal of Molecular Biology and Evolution.